Tus huesos escuchan lo que haces.

¡Hey Hey Hey! Qué pasa amigos…

El sábado pasado fue la comunión de mi ahijado.

Nueve años. Traje nuevo. Zapatos que le apretaban.

Es el hijo de uno de mis mejores amigos, así que llevo viéndolo crecer desde que cabía en un brazo.

Misa, fotos, el restaurante de después.

Los mayores sentados. El vino. La sobremesa que no se acaba nunca.

Y los niños, como siempre, en otra dimensión.

Mi ahijado no paró quieto ni un minuto.

Saltaba del escalón de la entrada. Subía y bajaba las escaleras corriendo. Brincaba para tocar una rama que ni de lejos alcanzaba.

Con el traje puesto. Con los zapatos nuevos. Con la corbata torcida.

En un momento se subió a un murete y se tiró de un salto.

Su madre soltó, por inercia, la frase que toda madre tiene grabada de fábrica:

— “¡Que te vas a hacer daño!”.

Y yo me quedé con el tenedor a medio camino.

Porque no se estaba haciendo daño.

Cada salto le estaba construyendo el hueso.

Literalmente.

Déjame que te lo cuente, que esto es más bonito de lo que parece.

El hueso no es una piedra.

Lo imaginamos como una estructura muerta que aguanta y poco más.

Y es justo lo contrario.

El hueso está vivo. Por dentro trabajan dos cuadrillas sin descanso.

  • Una derriba el hueso viejo: los osteoclastos.

  • Otra levanta hueso nuevo: los osteoblastos.

Como una obra que no cierra nunca.

¿Y quién decide dónde se derriba y dónde se construye?

Un tercer tipo de célula (el capataz de obra): los osteocitos.

Y tienen un único trabajo: sentir.

La carga, el golpe,…el impacto del pie contra el suelo.

Y entonces dan la orden: construir aquí, reforzar esto, traer material.

Y cuando no notan nada, dan la orden contraria.

Desmantelar.

Porque el cuerpo es ahorrador. Lo que no usas, lo vende por piezas.

Por eso un astronauta pierde hueso flotando.

Por eso alguien que pasa meses en cama sale más frágil de lo que entró.

El hueso dejó de recibir el mensaje, y el mensaje era el golpe.

Cincuenta hombres y un truco.

Hay un estudio que me parece de los más elegantes que existen.

Cogieron a cincuenta hombres. Entre 65 y 80 años. Edad de empezar a tener miedo a las aceras.

Y les pidieron una sola cosa.

Saltar. Pero con truco. Saltaban sólo con una pierna.

Hasta cincuenta saltitos al día, siete días a la semana, durante un año entero.

¿Adivinas qué pasó?

La pierna que saltó ganó densidad ósea en el cuello del fémur.

La que no saltó, no.

Misma persona. Mismo todo. Solo cambió quién recibía el mensaje.

El calcio no basta. Esto sí.

A partir de los 50, cuando la densitometría sale regular, casi siempre oyes lo mismo: toma más calcio.

Y el calcio hace falta, pero es solo el material.

El hueso no se fortalece por tener material de sobra.

Se fortalece cuando lo usas. Dándole impacto.

  • Pisando fuerte.

  • Saltando.

  • Cargando tu propio peso contra el suelo.

  • Entrenando fuerza.

Pequeños golpes, controlados, repetidos cada día.

Eso es lo que activa al hueso.

Es decir, odia la vida sedentaria.

Una clienta con miedo a las aceras.

Me acuerdo de una clienta. Cincuenta y siete años. Osteopenia recién diagnosticada.

Me lo contó preocupada. Que le daba miedo hasta bajar escalones.

Le quité el miedo primero.

Empezamos por el suelo. Cargar el cuerpo. Impactos pequeños, controlados, progresivos.

Su cuerpo recordó el idioma poco a poco.

En su siguiente revisión, la pérdida se había frenado.

Lo que me escribió un día fue lo mejor: “hoy he bajado del autobús casi de un salto, sin pensarlo.”

Y de verdad,… no puede ponerme más contento.

Porque…

Tus huesos te sigue escuchando.

Y esta es la parte que me gusta.

Tus huesos no ha dejado de escucharte. Como cuando tenías la edad de mi ahijado.

Tengas los años que tengas, siguen ahí, esperando que vuelvas a hablarle en su idioma.

Con cabeza. Poco a poco.

Mejorando tu estilo de vida y tus hábitos.

Porque al final todo está relacionado y siempre digo que la salud es una ecuación multifactorial.

Ejercicio, alimentación, descanso, sol, naturaleza, gestión de la energía, optimizar tu peso,…

Eso es lo que trabajo en el acompañamiento personal con mis clientes.

Ahora mismo no tengo plazas abiertas, pero en breve en junio, vuelvo a abrir.

Si te interesa saber más, respóndeme a este correo con la palabra SALUD.

Te cuento cómo trabajamos esto sin tener que pisar un gimnasio, ni tener que pasar hambre, a tu ritmo y desde donde estés hoy.

Y hasta aquí por hoy,… nos leemos de nuevo el miércoles.

Un abrazo.

Hugo.

Recursos:

  • Mi guía para conocer los fundamentos de una vida saludable:

  • Mi canal de YouTube, por si te inspira o motiva algún video:

  • Mi Podcast en Ruta, que son píldoras que comparto mientras hago mis rutas (por si te sirve alguna idea):

Referencias

Allison, S. J., Folland, J. P., Rennie, W. J., Summers, G. D., & Brooke-Wavell, K. (2013). High impact exercise increased femoral neck bone mineral density in older men: a randomised unilateral intervention. Bone, 53(2), 321–328.

Qin, L., Liu, W., Cao, H., & Xiao, G. (2020). Molecular mechanosensors in osteocytes. Bone Research, 8, 23.