La ciencia ha cambiado lo que sabíamos sobre envejecer.

¡Hey Hey Hey! Qué pasa amigos…

El viernes me levanté temprano, como siempre.

Me puse a trabajar un rato a las 5:30am.

Y después me calcé las zapatillas y salí a anda por el campo.

El sol estaba a punto de salir. Eran las 7:25.

Y a mi alrededor, sin que nadie les hubiera dado la orden, todo se movía.

Los gallos y los pájaros cantaban. Los pavos hacían su ronda.

A los pocos minutos ya estaba en el camino de siempre. El que pasa por los caballos.

Estaban ahí, sueltos, como cada mañana. Me acerqué, les di de comer hierba fresca y me quedé un rato hablándoles, como siempre.

Cada animal haciendo exactamente lo que tenía que hacer, en el momento exacto en el que tenía que hacerlo.

Sin reloj. Sin agenda. Sin app de productividad.

Una orquesta perfecta siguiendo un ritmo invisible.

Y mientras los miraba pensé,… dentro de nuestro cuerpo hay otra orquesta igual de precisa.

Mucho más pequeña. Invisible. Pero de la que depende absolutamente todo.

Energía. Claridad mental. Fuerza. Estado de ánimo. Energía.

Se llaman mitocondrias.

En febrero de 2025 se publicó un estudio en Cell Reports Medicine que pone las cosas en su sitio.

Un equipo de investigadores de la Universidad de Quebec cogió a 139 hombres de entre 20 y 93 años. Los dividió en activos e inactivos. Y les hizo biopsias musculares para medir directamente cómo funcionaban sus mitocondrias.

El hallazgo principal:

La respiración mitocondrial (la capacidad de tus células de producir energía) NO disminuía con la edad en las personas activas.

Un hombre de 75 años que se movía con regularidad tenía mitocondrias que respiraban igual que las de uno de 30.

En los inactivos sí se veía la caída. Pero en los activos, la línea era plana.

Lo que llevamos años llamando "envejecimiento mitocondrial" es, en gran parte, inactividad disfrazada de edad.

Pero lo que me parece más interesante no es solo el estudio en sí.

Es que ya sabemos qué enciende esas mitocondrias. Y no es un protocolo de biohacking de 47 pasos.

Es algo mucho más sencillo. Y mucho más viejo.

Movimiento. El estudio de Cefis lo confirma: la actividad física es el estímulo más potente para mantener la maquinaria energética de tus células funcionando. Especialmente el entrenamiento de fuerza, que además combate la sarcopenia, la pérdida de músculo que se acelera a partir de los 40.

Sol. La luz roja e infrarroja cercana del sol (especialmente al amanecer y al atardecer) activa directamente la citocromo c oxidasa, el complejo IV de la cadena respiratoria mitocondrial. Literalmente, tus mitocondrias absorben fotones y los convierten en energía. Se llama fotobiomodulación.

Ritmos circadianos. Tus mitocondrias tienen su propio reloj interno. Su respiración, su capacidad de fusión y fisión, su producción de nuevas mitocondrias... todo oscila en ciclos de 24 horas sincronizados con la luz y la oscuridad. Cuando rompes esos ritmos (con luz artificial de noche, horarios caóticos, comidas a deshora) le estás quitando el compás a la orquesta.

Alimentación. El combustible que le das a tus mitocondrias importa. La glucosa bien gestionada es su sustrato preferido para la fosforilación oxidativa completa. Los aceites de semillas ricos en omega-6, en cambio, son susceptibles a la peroxidación lipídica, que daña las membranas mitocondriales y compromete toda la cadena de transporte de electrones.

Y aquí es donde la mañana del viernes cobra otro sentido.

Porque esa mañana con los caballos, casi sin ser consciente, ya era un protocolo mitocondrial completo.

Sol temprano. Movimiento. Naturaleza. Aire libre. Ritmo circadiano.

Mis mitocondrias estaban recibiendo exactamente las señales que necesitaban.

Las mismas señales que esos gallos, pájaros, pavos y caballos siguen cada día sin que nadie se lo explique.

La diferencia es que nosotros nos hemos desconectado de eso. Hemos sustituido el sol de la mañana por la pantalla del móvil, el movimiento por la silla, y la comida real por productos que nuestras células no reconocen.

Y luego decimos que es la edad.

Esto es exactamente lo que trabajo con mis clientes.

No solo entrenamiento. No solo nutrición. No solo hábitos sueltos.

Un sistema donde el movimiento, la alimentación, el descanso, la energía, la luz y el ritmo de vida se alinean para que tu cuerpo funcione como tiene que funcionar.

Para que tus mitocondrias vuelvan a encenderse.

No importa si tienes 42, 58, o 65.

Responden.

Si llevas tiempo sintiéndote sin energía y quieres un plan real que vaya más allá del típico "entrena y come bien", alguien que te acompañe de verdad a reconectar con lo que tu cuerpo necesita, respóndeme este correo con la palabra INFO.

Y hasta aquí por hoy,… nos leemos de nuevo el miércoles.

Un abrazo.

Hugo.

Referencias:

Cefis M, Marcangeli V, Hammad R, Granet J, Leduc-Gaudet JP, Gaudreau P, Trumpff C, Huang Q, Picard M, Aubertin-Leheudre M, Bélanger M, Robitaille R, Morais JA, Gouspillou G. Impact of physical activity on physical function, mitochondrial energetics, ROS production, and Ca2+ handling across the adult lifespan in men. Cell Reports Medicine. 2025;6(2):101968. doi: 10.1016/j.xcrm.2025.101968

Hamblin MR. Mechanisms and Mitochondrial Redox Signaling in Photobiomodulation. Biochemistry. 2018;57(24):5185-5205. doi: 10.1021/acs.biochem.7b01167

Manella G, Asher G. The Circadian Nature of Mitochondrial Biology. Frontiers in Endocrinology. 2016;7:162. doi: 10.3389/fendo.2016.00162

Crick DC, Halligan SL, Davey Smith G, Khandaker GM, Jones HJ. The relationship between polyunsaturated fatty acids and inflammation: evidence from cohort and Mendelian randomization analyses. International Journal of Epidemiology. 2025;54(4):dyaf065. doi: 10.1093/ije/dyaf065