Feliz Nochebuena y Navidad.

Hoy no voy a hablaros de entrenamientos. 

Ni de nutrición. 

Ni de hábitos saludables. 

Hoy es 23 de diciembre y mañana 24, día de Nochebuena. 

Algunos habréis notado que he fallado un par de domingos en estas dos últimas semanas. 

Desde el 25 de mayo que empecé esta Newsletter, no había dejado de enviar ningún correo, ni domingo ni miércoles. 

Pero por desgracia este año ha sido muy difícil (al igual que los últimos cinco). 

El sábado por la noche y tras una semana de agonía en el hospital, falleció mi madre.

Duro. 

Muy duro. 

Durísimo.

La dedicación a ella en este último lustro, desde que falleció mi padre, había sido de incontables horas diarias y fines de semana completos. 

El vacío que deja es increíble y me va a costar asumir que ya no está. Y que ya no tengo que ocuparme de ella.

Ayer lunes, como así nos dijo en vida, la enterramos en el cementerio, junto a sus padres que murieron jóvenes y a mi padre.

Y una vez pasado ese amargo trago,…

al llegar a casa, cuando más necesitábamos descansar un poco, justo sonó el teléfono. 

Nos llamaban del hospital para ingresar a mi suegra, que estaba esperando cama.

Esa misma tarde. A las 18h tenía que estar allí.

No podíamos creerlo. Era algo surrealista.

Como una broma macabra.

Pero no lo era. Era real.

Así que no nos quedó más que aceptarlo y salir corriendo de nuevo, nada más llegar a casa e ir a recoger a mi suegra. 

Cuando estábamos en el hospital, no podía creer que esa misma mañana había enterrado a mi madre, después de unas gestiones previas de exhumación además nada agradables. 

Pero allí estaba. Otra vez. 

Para pasar “las navidades” en el hospital. 

Mis familiares y amigos no daban crédito cuando lo supieron y podía entenderlo. 

Si a mí me contaran esto... yo tampoco lo creería. O al menos me costaría mucho creerlo.

Pero hay algo que tengo claro. 

Tengo que resignarme y he de aceptarlo.

Y hay otra cosa que tengo clara. 

La mejor forma que conozco de afrontar esta situación es la de tratar de volver a la actividad más normal que pueda, dentro de lo posible.

Mantener la cabeza ocupada.

Seguir con mi mantra. 

Hacer lo mejor posible en la situación en la que me encuentre. 

Ese es el mejor tributo posible que puedo ofrecer a mis padres, si me están viendo desde arriba.

Y eso es lo que voy a hacer en estos días, que para mi lógicamente ya no son navidad ni tienen ningún significado especial en esta situación.

Aprovechar para convertir toda esa energía negativa en combustible del que salgan cosas positivas.

Así que hoy además de contaros porqué he fallado esos dos domingos, quería usar este mail para decir algo de forma clara.

Aprovechad el tiempo que tengáis con vuestras familias. Disfrutad el momento cuando la vida os sonría, porque a veces cuando el destino os pone contra las cuerdas, eres más consciente del valor que tienen esas épocas felices.

Pasad una Nochebuena y Navidad lo mejor posible en compañía de vuestros seres queridos.

Agradeced y ser conscientes de cada segundo.

Nos leemos de nuevo el próximo domingo, ya sí con la temática habitual.
O puede que antes.

Un fuerte abrazo a todos.
Felices fiestas.

Hugo.