El mayor perdedor.

¡Hey Hey Hey! Qué pasa amigos…

Seamos sinceros.

Casi todo el mundo tiene unos vaqueros o una camiseta que le encanta guardada en el fondo de un cajón.

Algo de cuando cuando era más joven y estaba más delgado.

No los tira. Tampoco se los pone. Se quedan ahí, doblados, esperando.

En barbecho.

Y cada cierto tiempo cuando se abre ese cajón,… vuelve la misma frase de siempre.

"Algún día vuelvo a entrar en estos."

Y justo detrás, la otra.

"Pero es que me falta fuerza de voluntad."

Hoy quiero hablarte de esa frase.

Déjame contarte un estudio que deberían enseñar en los colegios.

Porque si tú también tienes ropa guardada en algún cajón y llevas años repitiéndotela…

Esto te interesa.

Esto es lo que hicieron.

Cogieron a los concursantes de un programa de televisión americano, The Biggest Loser.

Personas con obesidad severa que durante treinta semanas entrenaron como atletas y comieron bajo control estricto.

Perdieron una barbaridad. Una media de 58 kilos cada uno.

Y aquí empieza lo interesante.

Mientras adelgazaban, su metabolismo en reposo se desplomó. Quemaban unas 600 calorías al día menos que antes.

Hasta ahí, lógico. Cuerpo más pequeño, gasta menos.

Lo que nadie esperaba llegó seis años después.

Un grupo de investigadores los volvió a buscar.

Publicaron lo que encontraron en la revista científica Obesity. Fothergill y su equipo, 2016.

La mayoría había recuperado buena parte del peso. Una media de 41 kilos de vuelta.

Y aun así, su metabolismo seguía hundido.

Seis años más tarde, quemaban unas 700 calorías al día menos que al principio. Unas 500 por debajo de lo que correspondería a un cuerpo de su tamaño.

Léelo otra vez.

Habían recuperado el peso. Pero su cuerpo seguía frenando como si todavía estuvieran a dieta.

Para que te hagas una idea de lo que son 500 calorías al día: es vivir cada jornada con el presupuesto recortado sin avisar. Más frío. Más hambre. Menos energía. El cuerpo apretando el cinturón en silencio, un día tras otro, durante años.

Esto es lo que no se dice cuando te venden la dieta milagro.

Tu cuerpo no entiende de báscula, ni de verano, ni de la boda del sábado. Entiende de supervivencia.

Y para él, perder grasa deprisa es una sola cosa: hambruna.

Así que hace lo más inteligente que sabe hacer. Baja el gasto. Aprieta el hambre. Y se prepara para recuperar cada gramo en cuanto pueda, por si la escasez vuelve.

Es el sistema funcionando exactamente como debe.

Cuando adelgazas a base de pasar hambre, le declaras la guerra a tu propia biología.

Y tu biología tiene más paciencia que tú. Siempre.

Entonces, ¿cuál es la salida?

Comer todavía menos aprieta más el freno aún. Por ahí no es.

La salida es dejar de pelear y empezar a construir.

  • Construir músculo, que es tejido vivo, que gasta cada día y que sostiene tu metabolismo desde dentro.

  • Comer comida de verdad en cantidad suficiente, para que tu cuerpo entienda que la hambruna no viene.

  • Moverte de una forma que sumes a tu vida en lugar de castigarte con ella.

  • Mejorar hábitos, energía, sueño, luz, naturaleza, hidratación,…

Y elegir un camino que puedas sostener diez años, no diez semanas.

Eso deja de ser una dieta que “soportas”. Y pasa a ser una manera de vivir que tu cuerpo deja de combatir y comienza a apreciar. Y a agradecer.

Porque cuando dejas de declararle la guerra, el también deja de empujar en tu contra.

Y empieza a remar contigo.

Ese es todo el secreto que esconden esos vaqueros del cajón.

No los recuperas comiendo menos todavía. Los recuperas dejando de pelear y empezando a construir.

Así que la próxima vez que encuentres en un armario la ropa de tu mejor versión, no te preguntes dónde quedó tu fuerza de voluntad.

Nunca fue eso.

Pregúntate, mejor, qué estás construyendo.

Si en algún momento te apetece dejar de pelearte con tu cuerpo y aprender a construirte en serio, mi acompañamiento va justo de eso, de crear un estilo de vida adaptado a ti, que te hará sentirte más saludable y feliz.

En breve abro plazas, si te interesa, respóndeme este correo con la palabra SALUD.

Nos leemos de nuevo el miércoles con las tres píldoras.

Un abrazo,

Hugo.

Referencia

Fothergill, E., Guo, J., Howard, L., Kerns, J. C., Knuth, N. D., Brychta, R., Chen, K. Y., Skarulis, M. C., Walter, M., Walter, P. J., & Hall, K. D. (2016). Persistent metabolic adaptation 6 years after "The Biggest Loser" competition. Obesity, 24(8), 1612–1619.