El cajón desastre.

¡Hey Hey Hey! Qué pasa amigos…

A ver.

El otro día abrí un cajón de casa buscando una pila.

¡Una pila!

Nada especial.

No estaba intentando encontrar el Arca de la Alianza ni el Santo Grial (sí, adoro Indiana Jones).

Sólo una pila.

Pues bien.

Abrí el cajón y apareció de todo.

Cables de móviles que ya no existen.

Un cargador de un Nokia que probablemente podría venderse en un museo.

Llaves que no sé qué abren.

Un mando sin tapa.

Una tapa sin mando.

Un calendario de 2007.

Unos rotuladores más secos que un día de verano en Écija.

Un tornillo suelto…

Y, por supuesto, ni rastro de la pila que necesitaba.

Ese cajón existe en todas las casas.

El cajón de:

“Esto no sé dónde ponerlo, así que lo meto aquí.”

Y al principio parece buena idea.

Porque resuelve el problema rápido.

No sabes dónde va algo.

Lo metes en el cajón.

Y ya está. Fuera de la vista.

Pero el problema no desaparece.

Sólo se acumula.

Pues con la salud pasa exactamente lo mismo.

Un día duermes mal.

Otro día comes cualquier cosa porque vas con prisa.

Otro día no entrenas porque estás cansado.

Otro día cenas tarde.

Otro día dices:

“Esta semana ya está perdida.”

Y todo va entrando en ese cajón.

Hasta que un día te miras al espejo y piensas:

“¿En qué momento me he dejado tanto?”

O subes unas escaleras y notas que te falta aire.

O te pruebas un pantalón y no entra.

O llegas a las 18:00 sin energía.

O peor, el médico te dice que hay que vigilar la tensión, el azúcar, el colesterol y te manda pastillas para todo.

Y entonces lo ves.

No fue un día, ni una comida, ni una semana.

Fue una acumulación de cosas pequeña, durante demasiado tiempo.

En psicología se ha visto algo bastante curioso:

las tareas que dejamos pendientes tienden a quedarse dando vueltas en la cabeza y nos producen malestar.

Fuente: Journal of Personality and Social Psychology.

Pero también vieron algo importante:

hacer un plan concreto ayuda a cerrar ese ruido.

No un “tengo que cuidarme más”.

Un plan.

Qué hago. Cuándo. Cómo.

Qué pasa si una semana se tuerce, o no tengo tiempo, o voy con prisa.

Porque no arreglas un cajón desastre tirando una cosa y cerrándolo corriendo.

Tienes que sacarlo todo.

Mirar qué hay, tirar cosas y ordenar lo que sirve.

Y crear un sistema para no volver a meterlo todo ahí dentro sin pensar.

No sirve de nada decir…

“Ahora no como pan.”

“Ahora hago ayuno.”

“Ahora me apunto al gimnasio.”

“Ahora empiezo el lunes.”

Porque si debajo sigue el mismo caos, tarde o temprano todo vuelve al cajón.

Por eso mi acompañamiento 1:1 no va de darte una rutina y desaparecer.

Eso lo puedes encontrar en Google en 14 segundos.

Va de sentarnos a ordenar el cajón.

Ver qué está pasando de verdad.

Qué hábitos te están hundiendo.

Qué cosas haces bien y no estás aprovechando.

Qué puedes simplificar.

Qué te sobra.

Qué te falta.

Y qué necesitas hacer de forma mucho más práctica.

Eso es lo que trabajaremos.

No una dieta de castigo.

No una rutina pensada para un chaval de 25 años con muchas horas libres al día.

Un sistema para tu vida real.

Y para que dentro de seis meses no estés otra vez abriendo el mismo cajón lleno de excusas, frustración y planes abandonados.

Si estás en ese punto donde sabes que necesitas ordenar esto de una vez, respóndeme con la palabra:

CAJÓN.

Y cuéntame brevemente:

Edad, objetivo, qué has intentado antes y qué es lo que más se te está haciendo bola ahora mismo.

Te leo.

Un abrazo,

Hugo.

PD. Nos leemos de nuevo el domingo, como siempre.

Referencia:

Masicampo, E. J., & Baumeister, R. F. (2011). Consider it done! Plan making can eliminate the cognitive effects of unfulfilled goals. Journal of Personality and Social Psychology, 101(4), 667–683. DOI: 10.1037/a0024192