El avión despega con los mismos kilos

Hey hey hey, que pasa amigos…

Imagina esto.

Estás en el aeropuerto.

Mostrador de facturación, pesando tu equipaje. La maleta marca 24,6 y el límite son 23.

Y ahí empieza el numerito. Ya sabes.

Abres la maleta en el suelo, delante de toda la cola. Tu vas en chanclas, pero sacas las zapatillas y te las pones. El neceser a la mochila. El jersey encima del otro jersey. El chaquetón puesto, aunque estés muerto de calor.

Cargadores de móviles volando, el paraguas que llevabas por si llueve,…

El chico del mostrador ha visto esta escena cuatro mil veces. Ni parpadea.

Detrás, un señor mira el reloj con un odio que no se puede describir.

Vuelves a pesar.

22,8.

Y te vas a embarcar con tres capas de ropa puestas, rojo, sudando, y con la cara del que acaba de ganarle una partida al sistema.

Pero el avión despega con los mismos kilos.

Las zapatillas siguen a bordo. Puestas.

El mismo peso, solo que ahora lo llevas encima.

Con la grasa pasa exactamente eso.

Sales de entrenar en ayunas con esa misma cara de partida ganada.

“¡Hoy sí que he quemado grasa!. Lo notas. Casi lo ves.

Y te lo estás contando a ti mismo mientras te duchas.

Y cuarenta minutos después estás plantado delante del frigorífico, negociando con un queso que no te ha hecho nada.

El fallo está en dar esto por hecho:

“Si hoy he quemado más grasa, perderé más grasa.”

Ahí la fisiología te mira por encima de las gafas.

Porque usar grasa como combustible durante media hora y bajar la grasa que llevas encima durante semanas son dos cosas que se saludan por la calle y viven en pisos distintos.

Tu metabolismo no cierra la caja cuando tú paras el reloj.

Sigue echando cuentas. Y lleva la contabilidad bastante mejor que tú.

Y una de esas cuentas es con cuánta hambre llegas a la cena.

Este verano salió un ensayo en The American Journal of Clinical Nutrition que le sentó regular a bastante gente.

35 adultos jóvenes y sanos. La misma carrera de 30 minutos al 65% de su VO₂peak, moviendo solo el horario.

Con 12 horas de ayuno encima, la sesión de la tarde oxidó más grasa que la de la mañana.

Y aquí uno cierra el correo, se pone las zapatillas y se va a entrenar en ayunas antes de cenar.

Pero vamos a ver. Que no.

Que todavía no hemos entrado en la cocina.

Pue esos, después de aquella sesión comieron unas 400 kcal más en la comida siguiente. Y 547 kcal más en las 24 horas posteriores.

Habiendo oxidado más grasa durante el entrenamiento.

Media hora de carrera para terminar el día con 547 kcal de más.

Ahí tienes lo que te decía de las zapatillas subiendo contigo puestas al avión.

Tú celebras el número del mostrador. Pero al avión le da igual.

Ojo con leer aquí que “entrenar por la tarde engorda”. El horario pesó mucho en el apetito posterior, comer antes cambió el combustible sin tocar ese patrón, y lo que midieron fue oxidación, apetito e ingesta. La grasa corporal no la midió nadie.

Tu cuerpo hace las cuentas del día entero. Tú solo miras las de la media hora.

Y hay otro estudio que remata la jugada.

2025. 36 personas, ocho semanas entrenando: en ayunas, con un pequeño snack de carbohidratos o comiendo como siempre.

Los tres grupos mejoraron su capacidad de oxidar grasa. El ayuno se quedó sin ventaja significativa.

Ocho semanas entrenando con el estómago vacío para llegar al mismo sitio.

Un planazo.

Venga va.

Si quieres perder grasa, yo miraría bastante menos el combustible del minuto 23 y bastante más lo que pasa en las otras veintitrés horas y media.

Cómo comes el resto del día.

Cuánta hambre te deja tu estrategia cuando llega la cena.

Si aguantas esos tres meses seguidos sin saquear la cocina.

Cuánto te mueves fuera del entrenamiento.

Cómo duermes.

Puedes tener 30 minutos metabólicamente impecables y pasar el resto del día negociando con una bolsa de frutos secos como si fuera una hipoteca.

La bolsa siempre gana.

Una cosa que puedes hacer hoy sin comprar nada:

Coge las dos últimas semanas y cuenta los días en los que llegaste a la cena con hambre de verdad. De las de abrir el frigorífico, cerrarlo, y volver a abrirlo por si en esos ocho segundos ha aparecido algo nuevo.

Ese número te dice más de tu plan que la báscula.

Y ya.

Tu semana pesa más que tu entrenamiento.

Por eso en mi acompañamiento, yo miro más la semana de quienes trabajan conmigo.

Horarios, hambre, comidas, pasos, sueño, estrés, semanas malas, comidas con amigos y todo lo que de verdad va a hacer que el plan te aguente, cuando te tiene que aguantar de verdad.

Trabajaremos para que llegues a la cena con hambre normal y sin querer darte el gran atracón por la noche.

Si necesitas ayuda para mejorar tus hábitos, perder o ganar peso y mejorar tu fuerza para poder seguir siendo capaz de todo en unos años, responde a este correo con SALUD y te cuento cómo trabajo.

Hugo | NOgymNOlimits

P.D. La grasa que oxidas en un entrenamiento sabe volver a casa. Y a veces trae postre. Un mes entero llegando a la cena con hambre normal pesa muchísimo más. Por eso te pregunto por tu semana, la de verdad, antes que por tu rutina perfecta..

REFERENCIAS.

1. Höchsmann C, Hechenbichler Figueroa S, Saller M, Frodl A, Nusser V, Koehler K. Effects of exercise timing and metabolic state on post-exercise energy intake and appetite—a randomized crossover trial. The American Journal of Clinical Nutrition. 2026;124(3):101439. DOI: 10.1016/j.ajcnut.2026.101439.

2. Hofstätter F, Niedermeier M, Rausch LK, Kopp M, Simpson L, Lawley JS. Effects of time-restricted feeding and meal timing on an 8-week fat oxidation exercise training program—A randomized controlled trial. Physiological Reports. 2025;13(2):e70194. DOI: 10.14814/phy2.70194.

Nota: el ensayo de 2026 evaluó oxidación de sustratos, apetito e ingesta energética aguda/24 h en adultos jóvenes sanos; no midió pérdida de grasa corporal ni incluyó población mayor de 40 años. Por eso se usa aquí para explicar la diferencia entre oxidar grasa durante una sesión y perder grasa a largo plazo, y no como prueba directa de adelgazamiento.